GIGOLÓ



  Ya estaba hecho, había quedado con el gigoló. A las once en la farola número 3 desde el cruce de la calle que da a su casa; ¿se sentía ridícula se sentía asqueada...?, más bien impávida, y tal vez algo curiosa, por la novedad y por el reto. Era simple: quería una noche romántica, aunque fuera falsa, quería "hacer el amor", y solo un gigoló se esmeraría en crearle esa fantasía. Un gigoló que era solo un hombre, oportunista de tal situación, ¿por qué uno se hacía gigoló?, hombres guapos, fuertes, musculosos... ¿qué problema tendrían para ligar?, a la fuerza tendrían que ser tunantes, aprovechados, cínicos. Pero no le importaba, estaba demasiado enamorada de quien no solo le destrozó el corazón, también su futuro, su pasado, sus ganas de vivir. Había perdido el tiempo, y eso nunca se lo perdonaría, ¡jamás!, un tiempo en el que pudo ser madre, un tiempo en el que pudo embarcarse en otros proyectos. Y en el fondo se sentía culpable, en parte lo era por dejarse llevar como una quinceañera, de aquel modo tan atroz.

Ya eran casi las once, se tenía el papel aprendido, el vestuario, las poses. Se puso su gabardina azul, sus gafas de sol, su sombrero de cubo y su carmín morado, y así bajó a la calle, "como una estrella de lo absurdo". Y allí estaba él... no mentía su foto: era alto, guapo, con unos ojos grises que reflejaban una mirada triste tierna, "mentirosa", y un cuerpo que prometía...

- Sígueme - fue lo que le dijo tras su saludo, tras decir que se llamaba Daniel. Percibió una leve sonrisa de sabiduría, que ocultó prudentemente. - No me voy a andar con Rodeos Daniel, no soy fuerte, me siento vulnerable y no confío en ningún hombre. Hace un mes que me separé de quien más quería y me dejó echa polvo. No me estoy haciendo la dura. Pero no quiero solo sexo, eso lo puedo conseguir donde quiera; quiero una fantasía, sentirme deseada y querida, un cuento para poder dormir mejor, ¿serás capaz...?
- Por supuesto que sí, cómo no podría, es usted una belleza.
- Gracias Daniel, seguro que soy la mujer más guapa que has conocido en tu vida. ¿Verdad Daniel?
- Y la que conoceré...

Sonrió halagada, si hubiera sido un tipo en un bar le hubiera sonado a insulto, pero la situación de subordinación a la que él estaba sometido, fuera indigno o no, le hacía pasar por alto miramientos morales que cada día le parecían más infantiles y absurdos, la vida ya era suficientemente dura para no tomarse los piropos a broma.

Subieron al apartamento, tomaron vino rosado y bombones que ella trajo para la ocasión; le preguntó si quería ducharse, que ella también se ducharía antes (aunque iba limpia). Y mientras él se duchaba (aunque fuera limpio), encendió las velas y apagó las luces, mientras esperaba, sobre la cama, en una posición totalmente cinematográfica, histriónica, a su príncipe.

Y todo sucedió según lo acordado...

"Gracias, ahora márchate". Dijo sin mirarle. "Como quieras princesa", dijo en tono burlón. No soportaba ser una engreída, pero menos le agradaba el papel de mujer desesperada y mártir, ya lo había sido suficiente, no se sentía fuerte para ser generosa, y quizá hubiera sido más irrisorio para el tal Daniel.

Un cuerpo, una sensación... Una fantasía que se esfumó al cruzar la puerta. Lo que temía... Su fantasma seguía persiguiéndola, aprisionando su alma. Eso era el amor: polvo, barro, cocina sucia, trámites bancarios, despertares sudorosos, olor podal, pollo asado, la fuerza de su abrazo, sus ojos verdes y no grises, los gritos, las risas, las conversaciones triviales y la incertidumbre... Y aún así persistía, porque era REAL. Y esa realidad no la había destruido, sobrevivía en ella. Irremediablemente,

Puso la televisión y se dispuso a vaguear mientras pensaba si sería bueno volverle a ver y seguir intentándolo, y hacer el amor, o si fuera posible dar todo su amor a la realidad; fuera lo que fuera eso: "un ideal a fin de cuentas. Una excusa...". Y pensó en el honor y en la dignidad y tampoco supo muy bien en realidad para qué servían y qué eran realmente, ¿socialmente o para ella?

"Al menos soy ya una mujer. Echa y derecha. ¿Será eso beneficioso...?
Todo es absurdo, la vida es absurda, no merece la pena tomársela en serio".

Y siguió vegetando en espera de que la naturaleza le diera las fuerzas necesarias. Al fin y al cabo nunca sabremos de qué neurona nos proviene y qué causa exacta desencadena la chispa de la vida.



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