"EL MAL"


  Tú eras "el mal", cariño mío. Eras el misterio, una aventura una fantasía por la que luchar. Eras imaginación, eternidad, romanticismo... Tu presencia tenía algo de marino, de olas rompiendo en acantilados, de anocheceres sombríos, de días sin sol y lluvia, y de vientos huracanados. Siempre me han gustado esas cosas, es lo malo de haber nacido en la época equivocada de ser una "masoca" sentimental, excesivamente sensible o como lo quieras llamar. Sé que no responderás a esto ni lo deseo, es mejor así; es bonito lanzar palabras "al viento", como una especie de tributo a la misma "literatura" de aficionada chapucera. Literatura... Eras tú, ¿qué hay más real? Para una niña... Querido hombre de mundo, querido viejo lobo de mar, hermoso y experimentado; conocedor de la psiquis humana. Querido ser al que no supe comprender. La paz de la noche me permite asomarme al oscuro pozo de mi corazón para vislumbrar de nuevo tu reflejo. Dónde estarás...

Tus ojos, oscuros como la noche, me miran a través del tiempo y los continentes, con esa luz tan vivaz y penetrante; tan poco celestial... Y tu naturaleza imponente y salvaje; aquel aspecto de otro mundo, elegante, atrayente y sensual... Y sin embargo había tanto de muerto en ti, de podrido, como de incipiente en mí. Tú me pasaste tu podredumbre, tu prematura vejez: a cambio de mi inocencia. Querías vivir en un mundo mejor, más lindo y esperanzador... Y tanto tiempo "odiándote"... para resolver que es solo en la podredumbre y en lo tangible donde una puede llegar a sentirse dueña de si misma: fuerte. En cambio tú estabas cansado de ser fuerte, y preferiste el recuerdo de tu juventud; un mundo de paz en el que coger fuerzas o dar rienda a tu dolor. Porque a fin de cuentas, también estamos en nuestro derecho al sentirnos mal. Conocedor de la importancia y el valor de la palabra, (demasiado anciana y plácida para mí entonces): paz.

Querido R., que hoy me devuelves mis sueños de juventud... Querido R., que das valor a la crudeza de la vida. A la vida que no es regalada, a la que se logra solo con esfuerzo y autocrítica; y se ve doblemente recompensada. ¡Creas en mí la ilusión de entereza de exploradora incansable...! ¡De amazona! Mis anhelos sentimentales dieron fruto a mi ansia "intelectual".

Querido viejo, ya casi anciano, eres la sombra de mi consciencia, algo que tira de mí "sin rumbo"... La voz de la aventura y el misterio, la "belleza" del primer amor; la inocencia... La he recobrado y la acepto. También los cuentos de terror son cuentos, y mucho más vivenciales que los "lindos". Hay algo hermoso en el crepúsculo, algo increíblemente potente.

Querido R., hombre "de las mil caras" que son solo una. Hoy tu fragilidad me parece tierna; la hermosura que no podía comprender tras el disfraz que yo misma creé. Querido señor que exhibe sus menudencias como parte de su humanidad, siempre orgulloso y altivo. Te derrotas para volverte a levantar... Había en ti la dureza de una roca abocada a las inclemencias del tiempo, la sabiduría del árbol centenario; paciente y juicioso, siempre sujeto a su raíz... La belleza del mundo terrenal. Aquel mundo imperfecto e "inmoral", pero vívido y excitante, que solo las almas fuertes pueden confrontar.

Querido R. allá donde estés, eres mi pasión y mi príncipe de las tinieblas... Un paraíso perdido infernal. Tal vez el mejor de los paraísos: el que te permite valorar el presente por encima del pasado.

En cualquier caso, como son todos los paraísos perdidos: único, irrepetible e inolvidable. Salvador de momentos de tedio, dureza o incredulidad de la madurez.


Querido R, tú, y solo tú, siempre serás mi héroe...





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